2003, urriak 16

Un delicioso plato

Medioa: EL DIARIO VASCO

Kritikaria: EMECE

Cálido y muy rico en contrastes gustativos fue el que anteayer se sirvió en el bilbaíno Teatro Arriaga (que resulta cada día más bonito a la vista de las cosas que hoy en día se presentan como nuevos espacios escénicos), con la puestas en escena de la ópera de Christoph Willibald Gluck Orfeo ed Euridice, en la idea, dirección artística y de escena de Joan Font, director de Els Comediants, que ya disfrutamos en nuestra última edición de la Quincena Musical, allá por el último y caluroso mes de agosto.

En esta ocasión volvió a repetirse la magia de disfrutar con una obra emblemática presentada mediante una escenografía rica, cuajada de colorismo y donde el simbolismo mitológico de los amores de Orfeo y Euridice están ofrecidos con elegancia y estupendamente resuelta la enorme complejidad escénica del turbulento tránsito de joven músico por el Hades. Todo funcionó, durante la hora y media de representación ininterrumpida, a la perfección: luces, vestuario, utilería, maquillaje, tramoya, etc.

En el terreno vocal volvió a hacer muestra de su buen momento de voz el contratenor Flavio Oliver, presentando un Orfeo pleno en el dominio técnico, indubitado en el uso de las intensidades y, sobre todo, muy poético. Tal vez, en la famosa aria Che farò senza Euridice puso una mayor carga lírica, menos tensa, que la ofrecida en San Sebastián. El público le ofreció la mejor y mayor gala de aplausos y bravos de la noche.

Un tanto desdibujado resultó el canto de la soprano británica Alwyn Mellor, bien por no tener la voz en una posición correcta, bien por una falta de expresividad adecuada, lo cierto es que no sacó el partido que debería a su papel de Euridice, que si bien no es generoso si tiene momentos de lucimiento cual es largo recitativo Non m’abbracci? Non parlo?, donde estuvo sin brío.

Por desgracia, la soprano lírico-ligera Olatz Saitua no debió tener su noche, pues su bien compensada voz estuvo como ausente, corta y con una emisión muy limitada en el breve pero agradecido papel de Amore. Es de esperar que en la segunda función, que tendrá lugar hoy, todo le vaya mejor.

Si bueno fue el cometido de la figuración y del ballet, de referencia puede reputarse la labor de la Coral Andra Mari, tanto desde el punto de vista vocal, no dejando nada fuera de control, como escénico en el desarrollo de la función coral de la concepción del teatro clásico griego.

Un resultado así no puede estar ajeno a una rectoría genial cual es la de Joan Font, de concepto escénico impecable. La orquesta Musica Aeterna, de Bratislava, con instrumentos de época y bajo la batuta correcta de Stubbs, fueron un correcto marco sonoro.